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Hraunfossar y el oeste de Islandia: la etapa infravalorada del anillo
La última etapa de la carretera del anillo tiene fama de trámite: doscientos cincuenta kilómetros de vuelta a la capital con el viaje ya digerido. Y sin embargo esconde la cascada más singular de Islandia, que no cae desde arriba sino que brota lateralmente de un campo de lava.
Hay un momento en la vuelta a Islandia en el que uno empieza a estar saturado. Ocurre normalmente hacia el octavo o noveno día, justo después de dejar atrás la península de Vatnsnes, cuando ya has visto glaciares, cascadas de doscientos metros cúbicos por segundo, campos de lava humeantes y fiordos que se abren bajo los pies. A partir de ahí, la escala de comparación está tan alta que muchas cosas dejan de impresionar.
El oeste de Islandia sufre precisamente eso. Es la etapa que la mayoría de los viajeros recorre al final, cuando el listón está por las nubes, y por eso arrastra fama de tramo de transición. La zona de Borgarfjörður tiene, además, un problema añadido: al estar a poco más de una hora de Reikiavik, muchos de sus puntos reciben excursiones de un día desde la capital, lo que les da una popularidad que no siempre se corresponde con lo que ofrecen.
Este artículo es la clasificación honesta de esa última etapa: lo que merece de verdad la parada, lo que resulta un trámite amable y por qué, aun así, no conviene despachar el oeste conduciendo del tirón hasta la capital.
El cráter Grábrók: la parada que la cercanía sobrevalora¶
Empiezo por el que menos me convenció, para dejar claro el criterio. Grábrók está junto a la Ruta 1, tiene aparcamiento grande, señalización cuidada y varios autobuses de excursión aparcados a media mañana. Las rutas de subida están bien marcadas y en veinte minutos estás en el borde mirando el interior del cráter y el valle alrededor.
Objetivamente no está mal: son en realidad tres cráteres alineados, la última erupción fue hace unos tres mil cuatrocientos años y las vistas desde arriba son amplias. El problema es el contexto. Después de ocho días recorriendo Islandia, cuando ya has caminado sobre la lava reciente de Leirhnjúkur o has rodeado el cráter inundado de Stóra-Víti, Grábrók resulta difícil de emocionar. Su popularidad tiene más que ver con la proximidad a Reikiavik que con su espectacularidad.
Para quien llega aquí en excursión de un día desde la capital, probablemente resulte suficiente y hasta memorable. Para quien viene de recorrer el norte, es más bien un trámite amable de veinte minutos. Si vas con el día justo, esta es la parada que yo sacrificaría.
Deildartunguhver: poco que ver, mucho que entender¶
La fuente termal de mayor caudal de Europa está unos kilómetros más adelante y se define con una cifra: ciento ochenta litros de agua por segundo a cien grados centígrados. El vapor se ve desde la carretera antes de llegar.
La visita en sí es breve y conviene saberlo. Hay una pasarela, el agua hierve a pocos metros, el aire huele a azufre y en cinco o diez minutos has visto todo lo que hay que ver. Si ya has estado en Hverir o en las fumarolas de Námafjall, el impacto visual es claramente menor.
Lo que hace que valga la parada no es la imagen sino el dato. Esa agua no alimenta un balneario de lujo: va directamente a un sistema de tuberías que la transporta para calefacción doméstica a pueblos situados a sesenta kilómetros de distancia. Eso es profundamente islandés y explica mejor que cualquier museo cómo funciona este país por dentro. En la zona hay además baños termales acondicionados si te apetece aprovechar el agua.
Hraunfossar: la cascada que no cae¶
Y ahora, la razón principal para no despachar esta etapa. Llegamos a Hraunfossar sin grandes expectativas, siguiendo una indicación en la carretera, y tardamos un momento en entender lo que estábamos viendo.
No es una cascada en el sentido habitual, porque el agua no cae desde arriba. Brota lateralmente, a través del campo de lava de Hallmundarhraun, como si la roca rezumara. Cientos de hilos de agua emergen de la pared de basalto a lo largo de varios cientos de metros y se precipitan directamente al río Hvítá, formando una franja blanca continua contra el negro de la lava y el verde del musgo.
El mecanismo es tan interesante como la imagen. El agua procede del glaciar Langjökull, que queda kilómetros al este: el deshielo se filtra lentamente por la roca volcánica porosa y viaja bajo tierra hasta reaparecer aquí. El campo de lava se formó en una erupción de hace unos mil años, y su porosidad es exactamente lo que hace posible el fenómeno.
Justo al lado está Barnafoss, la cascada de los niños, donde el río se estrecha y se vuelve violento. El nombre viene de una leyenda: dos niños cruzaron el río por un arco de piedra natural y cayeron; su madre, devastada, mandó destruir el arco para que no volviera a ocurrir. El arco ya no existe, el río sigue ahí y el nombre se ha quedado.
Hay pasarelas de madera y miradores que permiten recorrer todo el frente de Hraunfossar sin meterse en el agua. No es un lugar especialmente conocido entre quienes hacen el circuito estándar del sur, y eso se nota: hay gente, pero no masificación. Es de esos sitios que te preguntas por qué no está en todas las listas, y así lo cuento también en mi clasificación de las cascadas de Islandia. Calcula entre cuarenta minutos y una hora.
Qué más hay en la zona si dispones de tiempo¶
El oeste da para bastante más si no vas con la agenda cerrada. La cueva de lava de Víðgelmir, uno de los tubos volcánicos más grandes del mundo, está en el mismo campo de lava de Hallmundarhraun y se visita con guía. Reykholt, a pocos kilómetros, fue el hogar de Snorri Sturluson, el historiador y político que escribió buena parte de lo que sabemos sobre la mitología nórdica, y conserva su baño termal y un centro dedicado a su figura: es una de las visitas más importantes del país desde el punto de vista literario y una de las menos concurridas.
Y si dispones de un día entero, la península de Snæfellsnes queda al oeste y concentra en un espacio pequeño casi todos los paisajes islandeses, con el glaciar del mismo nombre presidiéndolo todo. No es parte del anillo, pero es el añadido más razonable si tienes una jornada de margen antes de volver a la capital.
La bajada final hacia Reikiavik¶
Desde Hraunfossar, la carretera baja hacia la capital en un par de horas. El paisaje va cambiando gradualmente: menos volcánico, más domesticado, más tráfico. En algún punto empiezan a aparecer carteles de Reikiavik y lo que ha sido durante días un horizonte vacío se llena de señales de civilización.
Merece la pena reservar el alojamiento en el centro, en el código postal 101, y dedicar lo que quede de tarde a subir a la torre de la Hallgrímskirkja. Después de nueve días de naturaleza sin apenas construcciones, ver una ciudad entera desde arriba produce una reconexión rara con el mundo cotidiano que no sé bien si agradecer o resistir, pero que cierra el viaje de una manera muy adecuada. El itinerario de Reikiavik en un día desarrolla esa última jornada.
Un apunte logístico: si tienes que devolver el coche en Keflavík al día siguiente, calcula cincuenta kilómetros y unos cuarenta y cinco minutos desde la capital, y revisa el estado del vehículo antes de entregarlo. Después de dos mil trescientos kilómetros por carreteras islandesas, conviene saber con qué te vas a encontrar en el mostrador.
Cómo repartir esta última etapa¶
Con medio día, yo haría solo Hraunfossar y bajaría a Reikiavik con tiempo para la ciudad. Con un día completo, añadiría Deildartunguhver por el dato geotérmico y Reykholt por la parte literaria, dejando Grábrók para si sobra tiempo. Y si el viaje admite una jornada más, la usaría en Snæfellsnes antes que en cualquiera de las paradas de este tramo.
Lo importante es no cometer el error de tratar esta etapa como un simple traslado. Es cierto que después del norte y del este cuesta impresionarse, pero Hraunfossar es una singularidad geológica que no se parece a nada más de Islandia y que se pierde mucha gente por ir directa a la capital. Es la etapa 9 de la carretera del anillo en 10 días.
Los accesos y horarios de este artículo están comprobados en 2026, pero las tarifas de aparcamiento se están revisando en todo el país. Confirma antes de salir.