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Los Gardjola Gardens de La Valeta al atardecer, con vistas al Gran Puerto.

Destinos · Malta

Qué ver en Malta en un día: el itinerario que mejor funciona

Itinerario para aprovechar un solo día en Malta, tanto si llegas en crucero como si tienes una escala larga: La Valeta por la mañana, la Concatedral y los Upper Barrakka, y la tarde entre las Tres Ciudades o Mdina al atardecer. Con horarios reales, precios y lo que conviene descartar sin pena.

Lectura de 8 minutos

Qué ver en Malta en un día

Un día en Malta da para bastante más de lo que parece, siempre que se acepte una regla: hay que elegir una zona y agotarla, no intentar ver la isla entera. Este itinerario está pensado para quien llega en crucero, tiene una escala larga o remata un viaje con una jornada suelta, y está montado sobre desplazamientos cortos, sin transbordos ajustados y con margen para los retrasos, que en Malta son parte del paisaje.

La regla de oro: una sola zona

Malta mide trescientos dieciséis kilómetros cuadrados y sobre el mapa parece que todo está al lado. No lo está, o mejor dicho, no lo está en tiempo. La red de autobuses es radial y casi todas las líneas pasan por la estación central de La Valeta, de modo que ir de un punto a otro suele significar cruzar el país entero y transbordar en la capital. Los retrasos son frecuentes y un trayecto que en coche son veinte minutos puede convertirse en una hora larga.

Por eso, en una sola jornada hay que renunciar sin dramatismo a tres cosas: Gozo, que exige media jornada solo de desplazamientos entre autobuses y ferry; el sur, con Marsaxlokk, el Blue Grotto y los templos megalíticos, que están mal conectados entre sí; y Comino con la Laguna Azul, que es un día completo. Todo eso queda para una segunda visita.

Lo que sí cabe, y sobra, es la zona del Gran Puerto: La Valeta, las Tres Ciudades enfrente y, si se estira la tarde, Mdina, que está a media hora en autobús. Con eso se ve lo mejor del país sin correr.

La mañana: La Valeta de punta a punta

Empieza temprano, sobre las nueve, que es cuando abren los monumentos y cuando la ciudad todavía respira. Se entra por la puerta monumental, junto al Parlamento de Renzo Piano y las ruinas de la antigua Ópera Real convertidas en teatro al aire libre, y se recorre la calle República en línea recta.

La visita de pago obligatoria es la Concatedral de San Juan, la iglesia conventual de los Caballeros: fachada austera casi militar, interior barroco desbordado, cuatrocientas lápidas de mármol policromado en el suelo y, en el oratorio, la Decapitación de San Juan Bautista de Caravaggio, el lienzo más grande que pintó y el único que firmó. Ronda los quince euros con audioguía, abre de lunes a sábado y cierra los domingos, dato importantísimo si tu único día cae en domingo. Están prohibidos los tacones de aguja y se exige llevar hombros y rodillas cubiertos. Calcula una hora larga.

Al salir, desvíate por las calles laterales, que es donde de verdad se ve la ciudad: los balcones cerrados de madera pintada, las cuestas cayendo hacia los dos puertos, los escalones anchos y bajos diseñados para subirlos con armadura. Y termina la mañana en los Upper Barrakka Gardens, que son gratis y tienen la mejor vista del país: el Gran Puerto entero, los astilleros y las Tres Ciudades enfrente. Si estás allí a mediodía, oirás el cañonazo de la Batería de Salvas, que sigue disparando con puntualidad británica.

Para comer, aléjate un par de calles de las terrazas más expuestas y el precio baja de golpe. Si vas justo de tiempo, una pastizzi de panadería, ese hojaldre relleno de requesón o de guisantes que cuesta menos de un euro, resuelve el asunto en cinco minutos.

La tarde, opción A: las Tres Ciudades

Es la opción más cómoda y la que menos riesgo tiene. Desde los Upper Barrakka se baja en el ascensor de la Barrakka, unos cincuenta y ocho metros en veinticinco segundos por alrededor de un euro, y en el muelle salen las barcas que cruzan el Gran Puerto hasta Cospicua cada media hora. Diez minutos, un par de euros y la mejor vista posible de las murallas de la capital desde el agua.

Enfrente están Birgu, Senglea y Cospicua, que fueron la primera sede de los Caballeros antes de que existiera La Valeta. Con media tarde da para pasear el casco antiguo de Birgu, con sus callejones sin comercio turístico, y para terminar en los Gardjola Gardens, en la punta de Senglea, donde está la garita de vigía más fotografiada del país y donde La Valeta queda justo enfrente, dorada al atardecer. Si quieres una visita de pago, elige entre el Fuerte San Ángel, unos diez euros, y el Palacio del Inquisidor, unos seis; las dos en una tarde son demasiado.

La vuelta se hace en la misma barca, con el puerto iluminado, y se cena en la capital. Es un plan redondo, sin sustos de transporte y con todo a distancia de paseo.

La tarde, opción B: Mdina al atardecer

Es la que yo elegiría si el día lo permite, aunque exige un autobús. Desde la estación central de La Valeta salen las líneas 51, 52 y 53 hacia Mdina y Rabat, con un trayecto de unos treinta y cinco o cuarenta minutos. Conviene salir sobre las tres o las cuatro para tener margen.

Mdina fue la capital de Malta hasta 1530 y hoy viven dentro de sus murallas apenas trescientas personas, con la circulación restringida a residentes. Se pasea entera en un par de horas: los bastiones, con vistas a media isla; la catedral de San Pablo, de Lorenzo Gafà; y las calles estrechas y quebradas a propósito para frenar la carga de la caballería. Al lado, cruzando el foso, está Rabat, un pueblo de verdad donde se come barato y donde están las catacumbas paleocristianas si aún queda tiempo y ganas.

Pero la razón de venir es otra. Cuando los autobuses de excursión se llevan a la gente a media tarde, Mdina se convierte en otra ciudad: calles vacías, farolas amarillas, la piedra caliza tomando ese color de miel y un silencio en el que solo se oye tu propio eco. La llaman la Ciudad del Silencio y de noche se lo gana. Es gratis, se entra a cualquier hora y es, en mi opinión, la mejor cosa que se puede hacer en Malta después de que se ponga el sol.

Si llegas en crucero

Los cruceros atracan en el Valletta Waterfront, al pie de la ciudad, en el Gran Puerto. Desde ahí, el ascensor de la Barrakka o una cuesta corta te dejan directamente en el centro, con lo que el itinerario de arriba funciona tal cual y sin perder tiempo en traslados. Es de los puertos más cómodos del Mediterráneo en ese sentido.

Con una escala de seis u ocho horas, lo razonable es La Valeta a fondo por la mañana y la barca a las Tres Ciudades después de comer, volviendo con margen. Con una escala corta, de tres o cuatro horas, olvídate de los interiores: calle República, calles laterales, Upper Barrakka y vuelta. Y ten en cuenta que la ciudad se satura precisamente cuando hay varios barcos atracados, entre las diez y las dos, así que si puedes desembarcar de los primeros, ganas mucho.

Si llegas con una escala larga en el aeropuerto

El aeropuerto está en el centro de la isla, a menos de veinte minutos en coche de La Valeta, con parada de autobús a la salida de la terminal y líneas exprés hacia la capital, Sliema y el norte. Con seis horas de escala se puede hacer La Valeta con calma; con menos de cinco, la cosa se pone justa y yo me quedaría en un paseo por la capital sin entrar a ningún monumento.

Deja el equipaje en la consigna de la terminal antes de salir, compra el billete de autobús en el mostrador de Malta Public Transport que hay en la sala de llegadas y vuelve con bastante más margen del que te parezca necesario, porque el tráfico en la zona del aeropuerto puede complicarse a cualquier hora. Si el reloj aprieta, un Bolt hasta la terminal cuesta en torno a quince euros y elimina la incertidumbre.

Cuánto cuesta el día y cómo moverse

Muy poco, la verdad. El billete sencillo de autobús ronda los dos euros en invierno y los dos y medio en verano, y vale dos horas con transbordos incluidos, así que con dos o tres billetes tienes la jornada resuelta; también existe un bono de veinticuatro horas por unos seis euros que compensa si vas a hacer más de tres trayectos. La barca a las Tres Ciudades y el ascensor de la Barrakka suman otros pocos euros. La única partida seria es la Concatedral.

Descárgate la aplicación tallinja antes de salir, porque da la posición real de los autobuses y es lo único que te avisa cuando uno no va a aparecer. Haz señal con la mano al conductor al ver llegar el autobús, o puede pasar de largo. Y pica siempre la tarjeta o el bono al subir, aunque sea ilimitado.

Con eso, un día en Malta cunde muchísimo. No verás el país, pero verás lo mejor que tiene, que es la ciudad que los Caballeros levantaron de una sola vez frente a uno de los mejores puertos naturales del Mediterráneo, y una antigua capital vacía y en silencio a media hora de allí. No está nada mal para veinticuatro horas. Si el viaje da para más, el itinerario de dos días suma Gozo, el interior o el sur sin cambiar de ritmo.

Los precios y horarios que aparecen en este artículo corresponden a 2026 y pueden variar. Conviene confirmarlos antes de viajar, sobre todo el de la Concatedral de San Juan, que cierra los domingos.