
Qué ver en Malta en 3 días: itinerario completo día a día
Itinerario de tres días en Malta sin coche: La Valeta y las Tres Ciudades, una jornada entera en Gozo y un tercer día entre Mdina, Rabat y los acantilados de Dingli, con la alternativa del sur si tu viaje incluye domingo. Con horarios, precios, autobuses y dónde alojarse.
Qué ver en Malta en 3 días¶
Tres días es, en mi opinión, el mínimo razonable para que Malta se entienda. Con dos hay que renunciar a algo importante; con tres caben las tres caras del país: la ciudad de los Caballeros junto al Gran Puerto, la isla vecina que va a otro ritmo y la Malta rural del interior, con su antigua capital amurallada y sus acantilados. Este itinerario está montado sin coche, con desplazamientos cortos y con margen para los retrasos, que aquí son parte del plan.
Cómo está montado el itinerario
La lógica es simple: una zona por jornada. La red de autobuses maltesa es radial, con casi todas las líneas pasando por la estación central de La Valeta, así que combinar dos zonas alejadas en el mismo día significa cruzar el país y transbordar en la capital. Los horarios son orientativos, los retrasos frecuentes y cualquier trayecto puede costar el doble de lo previsto.
Por eso el reparto es este: primer día para La Valeta y el Gran Puerto, que no depende del transporte; segundo día para Gozo, que exige salir temprano; y tercero para Mdina, Rabat y Dingli, que están todos a media hora de la capital y sin transbordos complicados. Si tu viaje incluye un domingo, más abajo explico cómo meter Marsaxlokk sin romper nada.
Antes de empezar, dos compras. La tarjeta de transporte, con el bono Explore Flex de cuatro días por unos veintiún euros si vas a moverte mucho, o billetes sencillos de unos dos euros y medio válidos dos horas con transbordos. Y la aplicación tallinja, que da la posición real de los autobuses y es lo único que te avisa cuando uno no va a aparecer.
Día 1: La Valeta y las Tres Ciudades
Empieza a las nueve, entrando por la puerta monumental junto al Parlamento de Renzo Piano y las ruinas de la antigua Ópera Real, hoy teatro al aire libre. La calle República atraviesa la ciudad en línea recta, pero lo bueno está en desviarse a las transversales, con sus balcones cerrados de madera pintada y sus cuestas cayendo hacia los dos puertos.
La visita obligatoria es la Concatedral de San Juan: unos quince euros con audioguía, un interior barroco desbordado, cuatrocientas lápidas de mármol policromado en el suelo y, en el oratorio, la Decapitación de San Juan Bautista de Caravaggio, el lienzo más grande que pintó y el único que firmó. Abre de lunes a sábado y cierra los domingos. Con tres días te puedes permitir una segunda visita de pago: el Palacio del Gran Maestre con su armería o, si te interesa la Segunda Guerra Mundial, las Lascaris War Rooms, el centro de mando subterráneo bajo los jardines. Termina la mañana en los Upper Barrakka Gardens, que son gratis y tienen la mejor vista del Gran Puerto; a mediodía suena el cañonazo de la Batería de Salvas.
Después de comer, baja en el ascensor de la Barrakka y cruza en barca a las Tres Ciudades: diez minutos, un par de euros y la mejor perspectiva posible de las murallas desde el agua. Pasea Birgu, que fue la primera sede de los Caballeros antes de que existiera La Valeta, entra en el Fuerte San Ángel o en el Palacio del Inquisidor, y termina en los Gardjola Gardens de Senglea viendo cómo el sol se pone sobre la capital. Vuelve en barca con el puerto iluminado y cena en la zona de Strait Street.
Día 2: Gozo de punta a punta
Este es el día que hay que madrugar. Desde la zona de La Valeta o Sliema, llegar en autobús a la terminal de ferris de Ċirkewwa lleva hora y media larga, así que conviene salir a primera hora. El ferry cruza en veinticinco minutos, sale cada media hora y funciona las veinticuatro horas. El detalle que despista a todo el mundo: en Ċirkewwa no se compra billete, se sube directamente y se paga a la vuelta en Mġarr, unos cuatro euros con sesenta y cinco ida y vuelta. Si te alojas en la capital, el catamarán rápido desde La Valeta cuesta unos siete euros y medio por trayecto y ahorra todo el viaje por carretera.
La mañana es para Victoria, la capital gozitana, con su plaza It-Tokk y su mercado, y sobre todo para la Ċittadella, la fortaleza encaramada sobre la ciudad. Entrar al recinto es gratis y solo se paga por los museos, con una entrada combinada de catedral y museo por unos siete euros. Dentro hay callejones semiderruidos, aljibes, la antigua prisión con grafitis tallados por los presos y una catedral cuya cúpula, la que se ve desde dentro, no existe: nunca hubo dinero para construirla y en 1739 se resolvió con una pintura en trampantojo que hay que mirar dos veces para creérsela.
Por la tarde, elige una de las dos rutas. La del este, con los templos megalíticos de Ġgantija en Xagħra, construidos entre el 3600 y el 3200 antes de Cristo y anteriores a las pirámides, por unos diez euros, más una parada en la rotonda de Xewkija, donde un ascensor sube a la azotea por tres euros y regala la mejor panorámica de la isla. O la del oeste, con la basílica de Ta' Pinu aislada en mitad del campo y la bahía de Dwejra, donde estaba la Ventana Azul hasta que se derrumbó en 2017 y donde siguen el Mar Interior y la Roca del Hongo. Las dos en el mismo día y en autobús, no: las líneas gozitanas tienen frecuencias bajas y el último autobús hacia Mġarr sale antes de lo que la gente espera.
Día 3: Mdina, Rabat y los acantilados de Dingli
El tercer día es el más cómodo de todos y no tiene un solo transbordo complicado. Desde La Valeta salen las líneas 51, 52 y 53 hacia Mdina y Rabat, con unos treinta y cinco o cuarenta minutos de trayecto.
La mañana es para Mdina, capital de Malta hasta 1530, donde hoy viven apenas trescientas personas dentro de las murallas y donde la circulación está restringida a residentes. Se visita la catedral de San Pablo, obra de Lorenzo Gafà, con entrada combinada con su museo; el Palazzo Falson, una casa señorial medieval llena de colecciones; y los bastiones, gratis, desde donde se ve media isla. Las calles son estrechas y quebradas a propósito, diseñadas para frenar la carga de la caballería y dar sombra en verano.
Se come en Rabat, al otro lado del foso, que es un pueblo de verdad con precios de pueblo, y la tarde queda para las catacumbas de San Pablo, el mayor conjunto funerario paleocristiano de la isla, donde conviven tumbas cristianas, judías y paganas en el mismo complejo, y para la Domus Romana, con unos mosaicos que están entre los mejores del Mediterráneo occidental. Ninguna de las dos pasa de los seis euros.
Y el día se cierra en los acantilados de Dingli, a diez minutos, con el mejor atardecer de Malta: doscientos cincuenta metros de caída sobre el mar, el islote de Filfla enfrente y ni una barandilla. Si aún te quedan fuerzas, vuelve a Mdina de noche: con los autobuses de excursión ya de vuelta, la ciudad se queda vacía, las farolas amarillas encienden la piedra caliza y solo se oye tu propio eco. Es gratis y es la mejor manera de terminar el viaje. Vigila el horario del autobús de Dingli, que de tarde pasa poco; un Bolt hasta Rabat ronda los siete euros.
Si tu viaje incluye un domingo
Merece la pena reorganizar, porque el domingo es el día grande del mercado de Marsaxlokk y porque la Concatedral cierra. La fórmula que mejor funciona es esta: dedica el domingo al sur, con el mercado a primera hora —entre las siete y media y las ocho y media si quieres ver el pescado de verdad— y por la tarde el Blue Grotto y los templos de Ħaġar Qim y Mnajdra; y reparte el resto entre La Valeta y una de las dos jornadas restantes, sacrificando Gozo o el día de Mdina según lo que más te apetezca.
Para Marsaxlokk salen las líneas 81 y 85 desde La Valeta, y los domingos la directa TD10, que cuesta el doble y no está incluida en las tarjetas Explore. Ten en cuenta que los dos bloques del sur, el de Marsaxlokk y el del Blue Grotto, están mal conectados entre sí en autobús: unirlos con un Bolt cuesta entre diez y quince euros y ahorra más de una hora.
Dónde alojarse y cuánto cuesta
Con tres días, alojarse en La Valeta o en Sliema es lo más práctico, porque casi todas las líneas pasan por la capital y desde ahí sale también el catamarán a Gozo. Sliema tiene mucha más oferta y precios algo mejores, con ferry a la capital cada media hora. Rabat, en el centro de la isla, es la alternativa que yo recomendaría a quien no busque playa ni vida nocturna: más barato, con Mdina a diez minutos andando y con la sensación de dormir en un pueblo y no en una zona hotelera.
El presupuesto de transporte es ridículo: el bono de cuatro días ronda los veintiún euros por persona y cubre los tres días completos, y el ferry a Gozo suma menos de cinco. Las entradas son el grueso del gasto, y con este itinerario suman entre treinta y cincuenta euros por persona según lo que elijas. Comer es barato en cuanto te alejas de los paseos marítimos, y las pastizzi de panadería siguen costando menos de un euro.
Un último consejo que vale para las tres jornadas: sal siempre una hora antes de lo que te parezca necesario. Con tres días en Malta la mayoría de los planes se cumplen; los que fallan, fallan por el autobús.
Si tienes menos tiempo, el itinerario de dos días se queda con la capital y una segunda zona; si tienes más, el itinerario de una semana añade el norte y una segunda jornada en Gozo.
Los precios y horarios que aparecen en este artículo corresponden a 2026 y pueden variar según la temporada. Conviene confirmarlos antes de viajar, sobre todo el cierre dominical de la Concatedral de San Juan.