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La fachada del teatro de Charing Cross, uno de los espacios más peculiares del West End, bajo las vías del tren

Destinos · Reino Unido · Londres

Los teatros del West End: qué sala te toca y cómo funciona la noche

Algunos teatros de Londres valen la entrada solo por el edificio: un cine art déco con relieves submarinos, una sala de 1834 en Covent Garden, un espacio diminuto bajo las vías del tren. Guía de las salas donde se representan los grandes musicales y de todo lo que conviene saber antes de sentarse.

Lectura de 8 minutos

El edificio también forma parte del espectáculo

Cuando uno compra una entrada para un musical en Londres piensa en la obra, no en la sala. Es un error, porque el West End conserva una colección de teatros victorianos y eduardianos que en cualquier otra ciudad europea serían monumento visitable, y aquí funcionan cada noche como lo que fueron construidos para ser.

Eso tiene consecuencias prácticas, además de estéticas. Son edificios antiguos, con butacas estrechas, escaleras empinadas, columnas en mitad de la platea y una idea del espacio personal que corresponde a un público de 1900. Saberlo antes de reservar evita sorpresas.

Lo que sigue es un repaso a las salas donde he visto funciones a lo largo de veinte años, con lo que aporta cada una y lo que conviene tener en cuenta.

El Lyceum, en Covent Garden

Está en Wellington Street, a un paso de Covent Garden. El edificio actual data de 1834, aunque el emplazamiento acoge espectáculos desde 1765, lo que lo convierte en uno de los espacios teatrales más antiguos de Londres. La fachada de columnas tiene esa presencia de los edificios que han sobrevivido dos siglos de historia.

Es la casa de El Rey León desde 1999 y funciona especialmente bien para esa producción, porque los pasillos del patio de butacas se usan como parte del escenario: los animales entran por ahí, a medio metro de los espectadores de los extremos. Si vas a ver ese espectáculo y puedes elegir, las butacas de pasillo en la platea tienen un valor añadido que no aparece en el plano.

El Apollo Victoria, que es un cine disfrazado

Está prácticamente pegado a la estación de Victoria, lo que lo hace comodísimo de alcanzar. Se inauguró en 1930 como cine y conserva una decoración interior art déco espectacular que evoca paisajes submarinos: relieves marinos en las paredes, motivos acuáticos en el techo. Solo la sala justifica ya el rato.

Es donde vi mi primer musical londinense en 2004 y donde he vuelto varias veces desde entonces, porque lleva años siendo la sede de Wicked. Al ser un antiguo cine, tiene una anchura y una amplitud que los teatros victorianos no tienen, y eso se agradece en las plateas.

El Palace Theatre, en Cambridge Circus

Uno de esos edificios que paran en seco al doblar la esquina. Se inauguró en 1891 como ópera inglesa, en ladrillo rojo y terracota, con una fachada victoriana cargada de ornamentos que domina Cambridge Circus por completo. Entrar ahí ya es en sí mismo algo, incluso cuando la función decepciona, que fue exactamente mi caso en 2004.

El Theatre Royal Drury Lane

El más antiguo de todos los que siguen funcionando en Londres: hay teatro en ese solar desde 1663, aunque el edificio actual sea del XIX. Ha sido restaurado a fondo hace pocos años y el resultado es probablemente el interior más impresionante del West End, con vestíbulos, escalinatas y salones que se pueden recorrer antes de la función y en el entreacto.

Es una sala enorme, lo que la hace destino habitual de las grandes producciones familiares. Si te toca una función aquí, llega con margen y date una vuelta por el edificio: es media visita turística incluida en el precio de la entrada.

Las salas medianas del centro

El Adelphi, en el Strand, y el Cambridge Theatre, junto a Seven Dials, son ejemplos de la escala intermedia del West End: aforo grande pero no descomunal, buena acústica y una relación cómoda entre escenario y público.

El Sondheim Theatre, en Shaftesbury Avenue, es el que acoge desde hace años Los Miserables y conviene saber que hasta 2019 se llamaba Queen's Theatre. Si consultas guías o reseñas antiguas, el cambio de nombre despista bastante.

Y el Piccadilly Theatre, donde se representa Moulin Rouge, tiene la particularidad de que la producción transforma la sala entera desde el momento en que entras, con el escenario invadiendo el proscenio y la decoración extendiéndose por el patio de butacas. Merece llegar pronto solo para verlo.

Las salas pequeñas, que son las que más me han sorprendido

El Charing Cross Theatre es un espacio diminuto con un encanto muy particular: la proximidad entre escenario y butacas intensifica la conexión con los intérpretes de una manera que en las salas grandes no ocurre. Tiene además una peculiaridad desconcertante y encantadora, y es que está ubicado literalmente bajo las vías del tren. En los momentos de mayor silencio se oye pasar los convoyes por encima, un recordatorio constante de la ciudad que queda ahí arriba.

Ahí vi en 2025 la mejor función de aquel viaje, una producción original de la que no sabíamos nada. Es el tipo de sala donde encuentras cosas que no están en ningún cartel luminoso. Qué obra era y por qué me pareció tan buena lo cuento en el artículo sobre qué musical elegir en Londres.

Y lo que está fuera del West End

No todos los grandes musicales se representan en el centro. Algunas producciones que necesitan espacios especiales se programan en salas de las afueras, como el recinto de Wembley Park, donde vi Starlight Express en una configuración imposible de montar en un teatro victoriano, con rampas y circuitos para los actores sobre patines.

Eso implica sumar el desplazamiento al plan de la noche: entre cuarenta minutos y una hora desde el centro en metro, más la vuelta a la salida, cuando el transporte va lleno. No es un problema, pero hay que contarlo al organizar el día y no encadenarlo con una jornada de visitas hasta el último minuto.

Cómo funciona una noche de teatro en Londres

Unas cuantas cosas prácticas que a la primera despistan.

Las funciones de tarde suelen empezar entre las siete y las siete y media, y las de matinal a las dos y media o las tres, con dos o tres matinales por semana según el espectáculo. La duración habitual ronda las dos horas y media con un entreacto de quince o veinte minutos.

Llega con veinte o treinta minutos de antelación. No es por el control de acceso, que suele ser rápido, sino porque los teatros son estrechos, las escaleras hasta los pisos altos son largas y la última fila del anfiteatro puede estar a varios tramos de la entrada. Si llegas justo, te sentarás con prisa y molestando a media fila.

Se puede beber dentro de la sala, algo que sorprende al espectador español. En el entreacto es habitual pedir en la barra antes de que empiece la función para que te lo tengan preparado y evitar la cola. También se venden helados en la propia sala, una costumbre muy británica.

Sobre la vestimenta, no hay código: verás desde gente en vaqueros hasta parejas arregladas. Nadie te va a mirar mal por ninguna de las dos cosas.

Elegir butaca sin equivocarse

Este es el apartado que más dinero y más disgustos ahorra. Para las estrategias de ahorro previas a este punto —última hora, rebajas de temporada, códigos de descuento— tengo un artículo aparte con todas las vías. Los teatros del West End se dividen habitualmente en platea, primer anfiteatro y segundo anfiteatro, y el precio no siempre refleja la calidad real de la visión.

Las primeras filas de platea, que suelen ser las más caras, pueden quedar demasiado bajas y demasiado cerca en espectáculos con mucha coreografía, porque pierdes la perspectiva del conjunto. Las primeras filas del primer anfiteatro, algo más baratas, suelen ofrecer la mejor visión global de la mayoría de las salas.

Las localidades de visibilidad reducida son la manera clásica de abaratar y no todas son iguales: en algunos teatros significa que una columna te tapa un rincón que apenas se usa, y en otros que te pierdes media escena. Para el West End existen guías detalladas butaca por butaca, con comentarios de espectadores reales, y consultarlas antes de comprar es cinco minutos muy bien invertidos.

Y una advertencia sobre los segundos anfiteatros de los teatros victorianos: son empinadísimos, con muy poco espacio para las piernas y a bastante altura. Si tienes vértigo o problemas de rodilla, es información que conviene tener antes de reservar y no al llegar.

La parte que no aparece en la entrada

Termino con lo que a mí me ha acabado gustando tanto como las funciones. El ritual completo de una noche en el West End es parte de la experiencia: las luces de Shaftesbury Avenue al anochecer, la cena rápida antes de la función, el momento en que se apagan las luces, y sobre todo salir a la calle después y quedarte parado en la acera sin saber muy bien qué decir.

Eso último me ha pasado exactamente dos veces en veinte años. Y por eso sigo comprando entradas.