Saltar al contenido
Sevilla de noche desde lo alto de las Setas, con la Giralda iluminada al fondo, la torre barroca de la iglesia de la Anunciación en primer plano y la estructura de madera de la pasarela cruzando la imagen.

Diarios de viaje · España · Sevilla

Sevilla, un reencuentro de 25 años

Un viaje de cuatro días y medio que se convirtió en un reencuentro de 25 años: la historia de cómo Sevilla pasó de ser un recuerdo difuso a convertirse en una ciudad que me robó el corazón.

5 días Lectura de 23 minutos

Redescubriendo Sevilla

El reencuentro con una ciudad que cambió

Habían pasado más de veinticinco años desde mi primera visita a Sevilla. Era 1992, el año de la Expo, y como tantos otros españoles, me había acercado a la capital andaluza atraído por el evento del momento. La exposición universal había sido la estrella indiscutible del viaje, dejando a la propia ciudad como telón de fondo: los pabellones, las novedades tecnológicas, la excitación de aquel año.

Durante todos estos años, Sevilla había permanecido en mi memoria como un recuerdo difuso pero agradable. Sabía que me había gustado, pero mis recuerdos eran fragmentados. ¿Cómo era la ciudad sin el filtro de la Expo? ¿Qué había cambiado?

La curiosidad pudo conmigo. Quería conocerla de verdad esta vez.

Los preparativos: Un viaje low cost con alma

La logística no podía ser más sencilla. Vueling ofrecía vuelos directos desde Bilbao por apenas 44,98 euros ida y vuelta. El viernes 7 de diciembre saldría a las 13:30 para llegar a las 14:50, y el martes 11 regresaría en el último vuelo, a las 21:35. Cuatro días y medio.

Para el alojamiento, aposté por Airbnb. Encontré una habitación en casa de Irene y Félix, una pareja sevillana que vivía en pleno corazón de Triana. El precio era imbatible: 74 euros por las cuatro noches. Pero más allá del precio, algo me decía que esa elección me daría la oportunidad de conocer Sevilla desde dentro.

No me equivoqué. Alojarse con Irene y Félix fue como ir a visitar a unos amigos que te dejan una habitación. No era el alojamiento más chic ni el más amplio que podrías encontrar en Sevilla, pero era el más acogedor. La habitación era pequeña pero suficiente, con un colchón cómodo y un escritorio para el ordenador. Lo mejor era la ubicación: en el corazón de Triana, con supermercados, bares y un ambiente fantástico incluso de noche.

Irene y Félix me hicieron sentir como en casa desde el primer momento. Siempre estuvieron dispuestos a darme pistas sobre qué hacer, y el sábado por la noche me invitaron a salir con ellos a tomar algo. No se podía pedir más.

Plaza de España de Sevilla con sus edificios y azulejos

Día 1. Primer contacto con una ciudad que despierta memorias

El vuelo de Vueling fue puntual. A las 14:50 tocaba suelo sevillano después de un viaje sin complicaciones. El aeropuerto de San Pablo me recibió con esa luz especial del sur que ya había echado de menos sin saberlo durante todos estos años.

Desde el aeropuerto, cogí el autobús hasta la Plaza de Armas. Desde allí, con la mochila a la espalda y un plano en el móvil, me dirigí caminando hacia mi alojamiento en Triana. Primera toma de contacto real con la ciudad después de tantos años: Sevilla seguía siendo perfectamente caminable.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Autobús desde el aeropuerto de Sevilla

Bienvenida en Triana

Irene y Félix me recibieron con la calidez que caracteriza a los andaluces. En pocos minutos me habían explicado todo sobre la casa, el barrio, y me habían dado las primeras recomendaciones sobre qué ver. Su hospitalidad hizo que me sintiera bienvenido de inmediato.

Después de dejar la mochila en la habitación, salí a hacer mi primera exploración. No tenía plan más allá de caminar y empezar a reconstruir mi mapa mental de la ciudad.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Caminando hacia Triana

Cruzando el puente: Del Triana histórico al corazón de Sevilla

Lo primero que hice fue cruzar el Puente de Triana, el icono que conecta el barrio marinero con el centro histórico. Caminar por él era ya toda una declaración de intenciones: cruzaba no solo el Guadalquivir, sino también los años que me separaban de mi última visita.

Una vez al otro lado, caminé junto a la orilla del río. El paseo fluvial estaba precioso, con la tarde sevillana bañándolo todo de una luz dorada. Seguí hasta llegar a la Torre del Oro, ese cilindro dorado que se alza junto al río desde hace siglos.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Paseo junto al Guadalquivir y Torre del Oro

Primeros reconocimientos en el centro histórico

Desde la Torre del Oro me adentré en la zona antigua hasta llegar a la Catedral. Al ver esa mole impresionante, con la Giralda alzándose hacia el cielo, tuve mi primera sensación clara de déjà vu. Estaba seguro de haber estado allí hace veinticinco años, pero mis recuerdos eran difusos, como fotografías desenfocadas que necesitaban un nuevo revelado.

Di un paseo sin rumbo por el centro histórico, dejándome llevar por las calles empedradas. Cada rincón me resultaba a la vez familiar y nuevo, como si estuviera releyendo un libro que solo recordaba por la sensación general, no por los detalles.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Redescubriendo el centro histórico de Sevilla

La noche sevillana y el ambiente de Triana

Cuando se hizo de noche, regresé caminando por la orilla del río hacia Triana. Fue entonces cuando me di cuenta de algo que me impresionaría el resto del viaje: la vitalidad nocturna de Sevilla. Muchísima gente disfrutando de la noche, terrazas llenas, conversaciones en cada esquina. Esa vida de barrio que hace que una ciudad se sienta como un hogar, incluso para alguien que acaba de llegar.

Cené algo sencillo en uno de los bares del barrio, disfrutando de esa primera inmersión en el ambiente sevillano.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Regreso a mi alojamiento disfrutando de la noche sevillana
Real Alcázar de Sevilla con patios y arquitectura histórica

Día 2. Entre la Plaza de España y las sorpresas del siglo XXI

Volví a comenzar el día paseando junto al Guadalquivir. Había algo en esa rutina matinal de caminar por la orilla del río, viendo cómo Sevilla despertaba bajo la luz dorada del sur. El río se había convertido en mi brújula particular, el hilo conductor que me ayudaba a orientarme en esta ciudad que redescubría paso a paso.

Desde Triana, con el Guadalquivir como guía, me dirigí hacia la Plaza de España.

La Plaza de España: Grandiosidad que quita el aliento

Hacía un día espectacular, con ese sol de diciembre sevillano que te hace olvidar que estamos en invierno. Cuando llegué y la vi en todo su esplendor, me quedé sin palabras.

Es imposible prepararse para el impacto visual de esta plaza. Los 200 metros de diámetro, los azulejos de cada provincia, los puentes sobre el canal, las torres que se alzan majestuosas... El conjunto te sobrecoge de una manera que ninguna fotografía puede transmitir. La diseñó Aníbal González para la Exposición Iberoamericana de 1929 y sigue siendo uno de esos lugares que justificarían por sí solos un viaje a Sevilla.

Estuve más de una hora haciendo fotos, curioseando por cada rincón, leyendo los azulejos de las diferentes provincias, sentado en los bancos centrales contemplando.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
La Plaza de España de Sevilla

El Parque de María Luisa: Un oasis de tranquilidad

Desde la Plaza de España me dirigí al Parque de María Luisa, que la rodea y la complementa perfectamente. Si la plaza impresiona por su grandiosidad, el parque seduce por su intimidad. Senderos sombreados, pequeñas plazas escondidas, fuentes, vegetación exuberante. El complemento perfecto a la monumentalidad de la Plaza de España.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
El Parque de María Luisa

El casco antiguo: Perderse para encontrarse

Desde el parque me dirigí hacia el centro antiguo. Pasé por la Calle del Agua, esa estrecha arteria que serpentea junto a los muros del Alcázar. Me dejé perder por la Judería y el barrio de Santa Cruz: patios entreabiertos que dejaban ver jardines llenos de azulejos y flores, calles tan estrechas que apenas cabe una persona, plazas diminutas con naranjos y el murmullo de fuentes.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
El barrio de Santa Cruz

Completando el mapa mental

Seguí caminando por la zona del Ayuntamiento, disfrutándolo sin prisas, completando poco a poco mi mapa mental de la ciudad. Todo me parecía bonito, limpio, acogedor. Había algo en Sevilla que me conquistaba más allá de la arquitectura o el patrimonio: la sensación de que sus habitantes la querían y la cuidaban, de que el turismo no había devorado su alma.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Callejeando por Sevilla

Las Setas de Sevilla: El futuro aterriza en el pasado

Sin darme cuenta, siguiendo el hilo de mis pasos, llegué hasta las Setas de Sevilla, el Metropol Parasol. No tenía ningún recuerdo de esa construcción de mi visita del 92, y por una buena razón: se inauguró en 2011. Esta estructura de madera laminada diseñada por Jürgen Mayer era una de las grandes novedades arquitectónicas que se habían añadido al skyline sevillano.

Subí al mirador y el espectáculo fue impresionante. Desde allí arriba se veía toda Sevilla extendida, con la Catedral y la Giralda dominando el paisaje urbano. No pega nada con el entorno histórico, pero de alguna forma encaja bien, como si Sevilla hubiera sabido integrar la modernidad sin renunciar a su esencia.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Las Setas de Sevilla

La magia de la noche

Me quedé en las Setas hasta que se hizo de noche para ver cómo cambiaba la perspectiva con la iluminación. Con las luces encendidas el espectáculo era incluso más bonito. La estructura se transformaba, adquiriendo una dimensión casi mágica que contrastaba bellamente con las luces doradas del casco histórico.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Las Setas de Sevilla

De vuelta a Triana

Volví a Triana para cenar algo antes de regresar. Las calles del barrio seguían llenas de vida. Cené en una taberna típica, disfrutando de la conversación casual con otros comensales y con los camareros, esa facilidad para la charla que caracteriza a los andaluces.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Paseo nocturno de regreso a casa
Catedral de Sevilla y Giralda vistas desde el centro histórico

Día 3. Explorando los rincones del alma sevillana

El domingo decidí cambiar de estrategia. Si los días anteriores había explorado principalmente el sur de la ciudad, era hora de conocer la zona norte. Desde el Puente de Triana me puse a caminar en dirección opuesta, dispuesto a descubrir nuevos rincones.

El Museo de Bellas Artes: Un tesoro por descubrir

Mi primer encuentro significativo fue con el Museo de Bellas Artes. Aunque no entré ese día (sería una visita para el martes, mi último día), me llamó la atención su imponente fachada. El edificio, un antiguo convento del siglo XVII, ya prometía desde fuera ser un lugar especial. Tomé nota mental de volver.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Plaza del Museo de Bellas Artes

La Basílica de la Macarena: En el corazón de la devoción sevillana

Continué hasta llegar a la Iglesia de la Macarena, uno de los templos más venerados de Sevilla. Era domingo por la mañana y había movimiento de fieles. La basílica, construida a mediados del siglo XX, alberga a la Virgen de la Esperanza Macarena, una de las imágenes más queridas de la Semana Santa sevillana. Ver esa devoción auténtica de la gente me hizo entender mejor el alma religiosa de Andalucía, esa fe que forma parte indisociable de la cultura de esta tierra.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
La Basílica de la Macarena

Caminando junto a las murallas: Viajando en el tiempo

Desde la Macarena caminé junto a las murallas árabes, esos restos de la antigua fortificación que nos recuerdan que Sevilla fue durante siglos una de las ciudades más importantes de Al-Andalus. Caminar junto a estos muros de más de mil años de antigüedad es como hacer un viaje en el tiempo, imaginando cómo sería la vida en esta ciudad cuando era Ishbiliya.

Las murallas, aunque fragmentarias, conservan esa fuerza evocadora que tienen los vestigios del pasado. Te hacen consciente de que estás caminando por calles que han visto pasar siglos de historia.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Las murallas de Sevilla

Perdiéndose por el casco antiguo: El placer del descubrimiento

Después de las murallas, me dejé perder de nuevo por las calles del casco antiguo. Ya empezaba a conocer la estructura básica de la ciudad, pero Sevilla tiene esa maravillosa capacidad de sorprenderte siempre con nuevos rincones, callejuelas que no habías visto antes, patios entreabiertos que dejan entrever jardines secretos.

A veces era una placeta diminuta con una fuente susurrante, otras veces un palacio señorial con una portada impresionante, o simplemente una calle tan estrecha y pintoresca que parecía sacada de un cuento.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Paseando por el centro de Sevilla

Regreso a la Catedral: El atardecer dorado

Como si fuera un ritual, volví a llegar hasta la Catedral. La mole gótica y la esbelta silueta de la Giralda se habían convertido en el faro que me orientaba en mis exploraciones. Desde allí me dirigí hacia el Guadalquivir para ver el atardecer: la luz dorada bañando las aguas del río y reflejándose en los edificios históricos de la ribera.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Atardeciendo junto al Guadalquivir

El encendido de las luces de Navidad: Magia navideña sevillana

Una vez que se hizo de noche, tenía una cita muy especial. Era el día del encendido oficial de las luces de Navidad en la zona del Ayuntamiento, y no quería perdérmelo. Me dirigí hacia la Plaza del Salvador y las calles adyacentes, donde se concentraba el evento. La expectación era palpable, con familias enteras esperando el momento en que toda la decoración navideña se iluminaría de golpe.

Sevilla se viste de gala

Cuando llegó el momento del encendido, el espectáculo fue precioso. En un instante, todas las calles del centro se llenaron de luces, creando una atmósfera que transformaba por completo el paisaje urbano. Hacía buen tiempo para diciembre, con una temperatura que permitía estar en la calle cómodamente, y había muchísima gente: familias con niños, parejas, grupos de amigos, turistas como yo.

Estuve un buen rato paseando por las diferentes calles iluminadas, viendo cómo cada rincón había sido cuidadosamente decorado.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Disfrutando la magia de las luces de Navidad
Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla

Día 4. Un lunes de monumentos y descubrimientos

Comencé el lunes con una visita que había planificado específicamente para este día. Los lunes, la Torre del Oro ofrece entrada gratuita, y aunque había leído opiniones diversas sobre esta visita, decidí aprovechar la oportunidad para conocer por dentro este icono sevillano.

La Torre del Oro: Aprovechando la entrada gratuita

Tengo que ser honesto: la visita al interior de la Torre del Oro es totalmente prescindible. El pequeño museo naval que alberga es modesto y no aporta demasiado. Pero si te cuadra el día de acceso gratuito y tienes tiempo, puedes entrar a echar un vistazo sin que te suponga ningún disgusto económico.

Lo realmente valioso de la Torre del Oro sigue siendo su exterior, su presencia junto al río, su valor como símbolo de la ciudad. Desde fuera, especialmente al atardecer, sigue siendo uno de los rincones más fotogénicos de Sevilla.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
La terraza de la Torre del Oro

La Plaza del Cabildo: Un rincón instagrameable

Desde la Torre del Oro me dirigí a ver la Plaza del Cabildo, un rincón que había descubierto por Instagram y que efectivamente puede pasar desapercibido si no lo vas buscando. Esta pequeña plaza porticada, con su forma semicircular y sus columnas, es uno de esos espacios recogidos que invitan a la contemplación.

Tiene ese aire "instagrameable" que tanto gusta en las redes sociales, pero más allá de su fotogenia tiene un encanto especial. Es un espacio íntimo, casi secreto, que contrasta con la grandiosidad de otros monumentos sevillanos.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
La Plaza del Cabildo

La Catedral de Sevilla: Una experiencia extraordinaria

La gran cita del día estaba programada para las 11:30. Había comprado entradas para visitar la Catedral, pero no era una visita cualquiera: elegí la visita guiada por las cubiertas, algo que prometía ser excepcional. El precio total, incluyendo la entrada a la Catedral y la Giralda, era de 16 euros.

La visita a las cubiertas de la Catedral de Sevilla fue, simplemente, espectacular. Poder acceder a partes del edificio normalmente vedadas al público, ver de cerca los arcos arbotantes, los detalles arquitectónicos de las torres, las vidrieras desde el exterior... Caminar por las cubiertas te permite apreciar la monumentalidad de la construcción desde una perspectiva única. Ves la complejidad estructural, entiendes cómo los maestros constructores medievales resolvieron los desafíos técnicos, contemplas los detalles escultóricos que desde abajo pasan desapercibidos.

Desde las alturas, las vistas de Sevilla son impresionantes. La ciudad se extiende a tus pies, con el río serpenteando, los barrios históricos desplegándose como un mapa tridimensional.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Las cubiertas de la Catedral de Sevilla

El interior de la Catedral: Superlativo absoluto

Después de la visita guiada, ya podíamos recorrer la Catedral de forma libre. ¿Qué puedo decir? Es increíble. La inmensidad del espacio, la riqueza de sus capillas, la majestuosidad del retablo mayor, la tumba de Cristóbal Colón... cada rincón te deja sin palabras.

Le dediqué mucho tiempo a recorrer cada capilla, a contemplar cada detalle, a intentar asimilar la magnificencia del conjunto. Cada capilla lateral es como un pequeño museo, cada retablo una obra de arte, cada rincón una lección de historia. Imposible abarcarlo en una sola visita.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
La Catedral de Sevilla

La Giralda: La guinda del pastel

Y luego estaba la subida a la Giralda, la antigua alminar de la mezquita que precedió a la Catedral. La subida por las rampas —no hay escalones, sino rampas que permitían subir a caballo— es ya toda una experiencia en sí misma. Desde arriba, las vistas de Sevilla son absolutas: ves la ciudad completa, entiendes su estructura urbana, aprecias la relación entre el río y el casco histórico.

En total, creo que estuve más de tres horas en la Catedral. Y se me hizo corto.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
La Catedral de Sevilla

El Real Alcázar: Un palacio de cuento

A las 16:00 tenía entrada para el Real Alcázar, que los lunes por la tarde ofrece acceso gratuito. Después de la impresión de la Catedral, el Alcázar me esperaba con una propuesta completamente diferente pero igualmente fascinante.

Si la Catedral impresiona por su verticalidad y su grandiosidad gótica, el Alcázar seduce por su horizontalidad y su refinamiento mudéjar. Es un laberinto de patios, jardines, salones y galerías que parece salido de Las mil y una noches. Los Patios de las Doncellas y de las Muñecas, con sus delicados arcos de herradura, sus azulejos multicolores y sus fuentes susurrantes, crean una atmósfera de ensueño. Los jardines, con sus naranjos, sus setos geométricos y sus estanques, son un oasis de tranquilidad.

Estuve hasta la hora de cierre, y también se me hizo corto.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
El Real Alcázar de Sevilla

Un encuentro inesperado: Miguel y la Sevilla nocturna

Era mi última noche en la ciudad, y tenía una cita especial. Había quedado con un chico que había comentado varias de mis fotos de Sevilla en Instagram. Miguel me llevó a tomar algo por la Alameda de Hércules, una zona de ambiente nocturno que yo aún no había explorado: una avenida larga y ancha, llena de bares, terrazas y vida, que representa la Sevilla más juvenil y bohemia.

Fue una noche estupenda, charlando sobre la ciudad, sobre viajes, sobre la vida. Me dio un par de recomendaciones de última hora para el día siguiente. Esos encuentros casuales con gente local son los que a menudo convierten un buen viaje en un viaje inolvidable.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
Paseo nocturno de regreso a casa
Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla

Día 5. Las últimas horas de un viaje que no quiere acabar

El martes amaneció con esa mezcla de tristeza y satisfacción que caracteriza los últimos días de los viajes especiales. Me despedí de Irene y Félix en Triana. Su hospitalidad había sido una parte fundamental de la experiencia sevillana, convirtiendo el alojamiento en algo mucho más que un simple lugar donde dormir.

Dejé la mochila en una taquilla en la estación de Plaza de Armas y me dirigí a aprovechar al máximo estas últimas horas. El plan era seguir las recomendaciones de última hora que me había dado Miguel la noche anterior.

El Museo de Bellas Artes: Un tesoro escondido

La primera cita fue el Museo de Bellas Artes, gratuito para los ciudadanos españoles. Ya había pasado por delante del edificio el domingo, pero ahora era el momento de descubrir qué escondía en su interior.

El museo resultó ser una grata sorpresa. Albergado en el antiguo Convento de la Merced, el edificio ya es en sí mismo una obra de arte, con sus patios porticados y su arquitectura conventual del siglo XVII. Las colecciones son excepcionales, especialmente la pintura barroca sevillana. Murillo, Zurbarán, Valdés Leal... los grandes maestros de la escuela sevillana representados con obras de primera calidad. Un museo que podría competir sin problemas con pinacotecas mucho más famosas, pero que su carácter gratuito y su ubicación algo apartada del circuito turístico principal hacen que no reciba toda la atención que merece.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
El Museo de Bellas Artes de Sevilla

La Iglesia del Salvador: Cuando la entrada de la Catedral da para más

Mi siguiente parada fue la Iglesia de San Salvador, cuya entrada estaba incluida con la de la Catedral que había comprado el día anterior. La Iglesia del Salvador, construida sobre los restos de la antigua mezquita mayor de Sevilla, es un templo barroco impresionante que merece una visita tranquila. Su retablo mayor, sus capillas laterales y su rica decoración la convierten en una de las iglesias más importantes de la ciudad.

El Archivo de Indias

Mi tercera parada de la mañana fue el Archivo General de Indias, ese imponente edificio renacentista que se alza junto a la Catedral y el Alcázar, completando el triángulo dorado del patrimonio sevillano declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

El edificio, diseñado por Juan de Herrera en el siglo XVI como Casa de Contratación y posteriormente reconvertido en archivo por Carlos III, alberga la documentación más completa que existe sobre la administración de los territorios españoles de ultramar. Son más de 43.000 legajos y 80 millones de páginas que narran tres siglos de historia americana: desde los diarios de Cristóbal Colón hasta los planos de ciudades como Lima o Manila, pasando por las cuentas del comercio con las Indias.

Lo que más me impresionó fue la exposición permanente en las plantas principales, donde se pueden ver documentos originales de incalculable valor histórico. Allí están las firmas de Cortés, Pizarro, Cabeza de Vaca... personajes que estudié en el colegio y que de repente cobraban vida a través de sus propias letras. Esas páginas amarillentas fueron escritas por las mismas manos que forjaron la historia de dos continentes.

La entrada es gratuita, lo que lo convierte en otra de esas joyas accesibles de Sevilla. Su ubicación privilegiada lo hace perfecto para una visita rápida entre otros monumentos del centro histórico.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
El Archivo de Indias

Las vistas desde El Corte Inglés: La última recomendación de Miguel

Por último, seguí la otra recomendación de Miguel: subir a la terraza de El Corte Inglés para ver las vistas de la ciudad. Miguel había sido honesto: no son las mejores vistas de Sevilla, pero son gratis. Efectivamente, no pueden competir con las de la Giralda o las Setas, pero tienen su encanto. Es una perspectiva diferente de la ciudad, más horizontal, que te permite apreciar la extensión urbana de Sevilla más allá del casco histórico.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de SevillaCalle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla
La terraza de El Corte Inglés

El regreso

Con esas últimas visitas di por concluida mi estancia en Sevilla. Recogí mi mochila en Plaza de Armas y me dirigí al aeropuerto. El regreso a Bilbao transcurrió sin complicaciones.

Durante el vuelo de vuelta, viendo alejarse las luces de Sevilla, no pude evitar cierta melancolía. Cuatro días y medio. Sabía ya que iba a volver.

Calle, edificio, monumento o paisaje urbano de Sevilla

Sevilla, el contraste con el pasado

Cuando 25 años marcan la diferencia

Tenía un gran recuerdo de Sevilla de mi visita de 1992, pero en aquel viaje la estrella había sido la Expo '92. La excitación de aquel evento mundial, con sus pabellones futuristas, sus novedades tecnológicas y su ambiente festivo, había dejado a la propia ciudad en segundo plano. Era comprensible: la Exposición Universal era la razón principal del viaje, y Sevilla había funcionado más como escenario que como protagonista.

Este viaje de diciembre de 2018 fue completamente diferente. Sin eventos que me distrajeran, sin agenda apretada, sin acompañantes de viaje, sin más objetivo que redescubrir la ciudad a mi ritmo, Sevilla pudo mostrarme su verdadera personalidad.

Un diciembre cálido para un corazón del norte

Viniendo de Bilbao, donde diciembre ya significa frío, lluvia y días cortos, aterrizar en Sevilla con temperaturas suaves y cielos despejados fue como un regalo inesperado. Esa luz especial del sur, esa claridad que hace que los colores sean más intensos y que las piedras doradas de los monumentos parezcan brillar con luz propia, fue el marco perfecto para este reencuentro.

El contraste climático no es solo físico. Sevilla en diciembre transmite una energía vital que te contagia: las calles llenas de vida, las terrazas con gente disfrutando del buen tiempo, ese ritmo pausado pero vibrante que caracteriza a las ciudades del sur.

Una arquitectura que dialoga entre siglos

La arquitectura sevillana fue una de las grandes revelaciones del viaje. No era solo la cantidad de monumentos impresionantes, sino la forma en que dialogan entre sí, creando un conjunto urbano de una armonía extraordinaria.

La Catedral gótica con su Giralda almohade, el mudéjar del Alcázar, el barroco de las iglesias, el regionalismo de la Plaza de España, el contemporáneo de las Setas... cada época ha dejado su huella en la ciudad sin crear estridencias, sin romper la unidad del conjunto. Las Setas son el ejemplo perfecto: una estructura absolutamente contemporánea que, en principio, no pega nada con el entorno histórico, pero que de alguna forma ha conseguido encajar.

Una historia que se respira en cada rincón

Caminar por los barrios viejos de Sevilla es como hacer un viaje en el tiempo. La historia no está solo en los museos o en los monumentos principales, sino en cada calle, en cada plaza, en cada rincón del casco antiguo.

La Judería, con sus calles laberínticas y sus casas encaladas, te transporta al medievo. Las murallas árabes recuerdan el esplendor de Al-Andalus. Los palacios señoriales evocan el Siglo de Oro, cuando Sevilla era el puerto de las Américas. Cada época ha dejado su huella, creando un palimpsesto urbano de una riqueza extraordinaria.

Y lo más impresionante es que esta historia no es solo pasado: los sevillanos habitan estos espacios con naturalidad, sin solemnidad museística, manteniendo vivo el alma de los barrios antiguos.

La gente: El verdadero tesoro de Sevilla

Si tuviera que destacar un solo aspecto de este viaje, sería la calidez humana que encontré. No solo Irene y Félix, mis anfitriones en Triana, o Miguel, el chico de Instagram que me mostró la Alameda de Hércules. A lo largo de estos cinco días pude entablar conversaciones con mucha gente: espectadores de las luces de Navidad, turistas en la Plaza de España, vecinos de mesa en algún bar, camareros, comerciantes.

En cada encuentro encontré esa facilidad para la charla, esa hospitalidad natural que caracteriza a los andaluces. No es cortesía profesional de ciudad turística, sino auténtica calidez humana.

Lo que costó el viaje

Guías y artículos

Información práctica